La tesis de la teoría de la mano invisible de Adam Smith indica que si cada individuo busca únicamente su máximo beneficio personal, al final se acaba beneficiando de ello toda la sociedad. Esto debería ser así porque los individuos se ven incentivados a trabajar en aquellos productos o servicios en los que son más competitivos. El herrero, se ve incentivado a seguir produciendo cuchillos, que los puede vender y comprar así los bienes que fabrica el carpintero, de una forma mejor que si cada uno de ellos fabricase cada bien por separado.
Si se lleva la tesis a nivel de países, sale mejor para todos que Escocia se especialice en la lana y los países mediterráneos en la producción de vino, y luego se intercambien los bienes entre ellos. El obtener vino en Escocia es caro, ya que habría que hacer invernaderos para ello, pero los abundantes pastos hace que sean buenos en la producción de lana. que luego pueden cambiar por vino comerciando. Es por ello que si cada país se especializa en aquello en lo que es más competitivo, todos los países salen beneficiados.
Esta teoría económica está en contra de cualquier necesidad de regulación de la economía por parte del estado, y según ella no tienen sentido las subvenciones a ningún sector económico, ni los precios fijados.
Se asume que una economía de libre mercado con libre fijación de precios por parte de los actores que intervienen en ella, y con idéntica información para todos ellos es una buena forma de generar prosperidad para toda la sociedad.
Es cierto que en principio la libre fijación de precios, se ha revelado como una eficiente forma de asignar los recursos existentes, ya que los individuos destinan sus rentas al consumo de los bienes y servicios que más utilidad les reportan, incentivando la producción de estos bienes y desincentivando la producción de otros. Por ahora no se ha encontrado un método más eficiente que este de asignación de recursos.
Según este planteamiento, el precio siempre debería reflejar el valor exacto (utilidad) de un bien, y los precios fijados por parte del estado o un organismos externo llevan al mercado negro o a ineficiencias.
Esta teoría, que en muchos casos se demuestra correcta e incluso muy elegante en su simplicidad tiene sus propios problemas. Muchas veces todos los actores no tienen la misma información (por ejemplo, un banquero y su cliente), y no todas las relaciones económicas se dan entre actores de igual poder; (en muchos casos un proveedor no puede esperar un trato equitativo de una empresa que es su único cliente, con lo que no le puede “exigir” que pague en el plazo establecido sus facturas). Otro ejemplo es cuando un individuo en desempleo opta a pedir un empleo en una empresa, si la situación del individuo es muy desesperada (lleva mucho tiempo sin ingresos) puede acabar aceptando una oferta de trabajo por un mero sueldo de subsistencia, un sueldo inferior al que su trabajo valdría en un mercado perfecto.
Es por ello que el capitalismo necesita ser regulado. Y por ello existen las leyes que persiguen los contratos abusivos, los salarios mínimos, y otra serie de salvaguardas. Si se eliminan estas “limitaciones” al capitalismo, también se destruye en parte la premisa filosofía del capitalismo; una serie de individuos libres con igual información entre todos ellos, interactuando entre sí, y cada uno buscando su propio beneficio y dedicándose a lo que mejor sabe hacer, genera beneficio al conjunto de la sociedad.
Además de que habitualmente no todos los actores y tienen la misma información y el mismo poder de negociación, la teoría del mano invisible y el poder de los mercados para llegar a precios justos, se enfrenta a otra serie de problemas.
Muchas veces, aún con idéntica información y posición negociadora, las personas que intervienen en un mercado concreto no actúan de la forma más egoísta para sus intereses, sino que actúan de forma irracional movidos por la avaricia (en momentos de subida, cuando se pagan precios superiores a lo que marca la lógica por un bien concreto) o el miedo (cuando se venden los bienes por un precio inferior al real). Esto hace que aún los individuos mejor informados puedan actuar en contra de sus propios intereses personales (comprando cosas sobrevaloradas, malvendiendo, etc), y da lugar a todo tipo de burbujas especulativas, desde la de los tulipanes en Holanda en el siglo XVII a la burbuja inmobiliaria española en esta década. Esta es la llamada teoría del “Animal Spirits”, que viene a decir que los instintos del hombre hace que no siempre tome decisiones racionales.
Este es el otro motivo por el que el capitalismo necesita regulaciones y limitaciones, evitar, o al menos limitar, burbujas especulativas y comportamientos irracionales de los individuos que forman un mercado.
Si durante la burbuja inmobiliaria española los compradores hubiesen sido racionales, se habrían negado a comprar los pisos a precios sobrevalorados, los precios no habrían subido tanto, no se habrían construido tantos inmuebles innecesarios (muchos de los cuales tardarán años en ser habitados si es que alguna vez lo son) drenando recursos de otras áreas de la economía. El nivel de endeudamiento de la economía sería menor, no tendríamos bancos zombies y el desempleo y déficit público serían menores.
En este caso, todos los actores guiados por su interés egoísta, han actuado de forma irracional hacia ellos mismos (comprando bienes sobrevalorados con créditos que en muchos casos no van a poder pagar), y como efecto lateral han llevando al conjunto de la sociedad a una crisis económica sin precedentes.
Los precios no han reflejado correctamente el valor de las cosas, ni han servido para orientar la los productores a los sectores que más valor producen. Se puede decir que en este caso (y hay otros muchos ejemplos de burbujas y de todo tipo para aportar) la mano invisible ha resultado ser más bien tonta.
Así que la próxima vez que alguien le vuelva a explicar que el mercado es sabio y que sin regular nada, todo se autoregula sin problemas ya que la Mano Invisible actúa en beneficio de todos, ya sabe lo que tiene que hacer, coja este texto, y dele con él en la cabeza.